Osama bin Laden ha muerto (minuto a minuto)

Osama bin Laden ha muerto (minuto a minuto)

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Iñigo Sáenz de Ugarte
Empiezan los cambios en la versión oficial. La mujer muerta en el asalto no es la mujer de Bin Laden. Dudas también sobre si Bin Laden llegó a utilizar un arma.

13.00

Ayman Al Zauahiri se prestó en diciembre de 2007 a un experimento propagandístico singular. Tras una entrevista a una televisión de ideas yihadistas, se anunció que respondería en breve en un chat a las preguntas que le enviaran los lectores. Siempre dispuestos a exagerar la amenaza de Al Qaeda y su destreza propagandística, varios expertos se confesaron intrigados.

“Es un buen golpe en términos de imagen”, dijo Jarret Brachman, ex analista de la CIA y ex director del centro antiterrorista de West Point. “Intenta mostrar que sabe dónde encontrar a la gente joven”.

En realidad, fue un desastre. Por razones de seguridad, no podía ser un auténtico chat. Y las respuestas de Zauahiri incluían una defensa casi robótica del uso indiscriminado de la violencia contra civiles. Nada que ver con el carisma del que disfrutaba Osama bin Laden, entre otras cosas por su dominio del árabe en su versión más poética. Incluso sus enemigos admitían que los mensajes de Bin Laden tenían un atractivo especial.

Son virtudes inexistentes en el discurso dogmático de Zauahiri. El médico egipcio, de 59 años, es el probable próximo líder de Al Qaeda. Ya desde su declaración de guerra a EEUU en 1996, Bin Laden contaba con un discurso global dirigido a toda la comunidad islámica. Zauahiri asumió ese mensaje, pero sólo después de que fracasara su empeño por impulsar la yihad en Egipto.

La tortura hizo a Al Zauahiri. Como otros muchos yihadistas egipcios, fue salvajemente torturado en prisión tras el asesinato de Sadat en 1981. Su testimonio sirvió para la detención de otros correligionarios, y al menos uno de ellos fue ejecutado. Zauahiri nunca se perdonó ese momento de debilidad.

Tras el impacto causado por la noticia de la eliminación de su líder, Al Qaeda intentará rentabilizar la imagen de Bin Laden como mártir de su causa. Sus seguidores tendrán la oportunidad de emularle directamente, y eso les hará doblemente peligrosos.

Sin embargo, la leyenda de Bin Laden se sustentaba en el hecho de que estaba vivo. Había atacado al corazón del imperio americano y no había sucumbido a su venganza, algo que quedó aún más patente tras la ejecución de Sadam Hussein. Podían caer con relativa frecuencia los números tres de Al Qaeda, pero Bin Laden seguía escondido en su fortaleza.

“Es un fuerte revés para Al Qaeda en términos militares y psicológicos”, ha dicho a The Wall Street Journal el ex general paquistaní Talat Masud. “Construyeron un mito en torno a él. Se suponía que era un líder imposible de reemplazar”.

Lo cierto es que el mayor éxito de Bin Laden fue crear una organización que podía sobrevivirle. Exigía a otros grupos yihadistas -al modo de una franquicia- un juramento de lealtad y acatar un mensaje radical, pero no imponía misiones concretas, aún menos si eran irrealizables. La descentralización era uno de los puntos clave de su estrategia.

Al Qaeda sólo continuó existiendo en aquellos lugares en que razones locales lo permitieron: Yemen, Irak y el Magreb, donde se convirtió en un epílogo de la yihad argelina. La revolución global invocada por Bin Laden acabó con el fin del santuario de Afganistán, y lo que quedaron fueron atentados terroristas aislados, de efectos atroces pero sin continuidad.

Las revoluciones árabes han demostrado que los jóvenes no necesitan empuñar el kalashnikov para desafiar a las dictaduras. Si Zauahiri intenta apropiarse de ese movimiento, no es probable que tenga éxito. Al Qaeda es una organización predominantemente árabe, y ese rechazo revela las limitaciones del discurso propagandístico de Al Qaeda.

Más peligroso que Zauahiri podría ser Abu Yahya al-Libi, libio de 47 años, de verbo más fluido que el egipcio, con más carisma y con un sólido discurso religioso. Su último mensaje grabado es de marzo de este año.
Pero sólo podría colocarse a la altura de Osama Bin Laden si pudiera organizar su propio 11-S, un objetivo que pocos creen que la actual Al Qaeda esté en condiciones de afrontar.

11.00

The New YorkerThe New Yorker

En esta portada de The New Yorker, el ilustrador jugaba con la idea de un Osama escondido a la vista de todos. Lo que no deja de resultar irónico ahora al saberse que su casa estaba a 800 metros de la principal academia militar de Pakistán y en una zona en la que muchos de los residentes son ex generales paquistaníes.

Las portadas de The New Yorker sobre Bin Laden.

7.00

El comunicado de Tony Blair define bastante bien la manipulación habitual en muchas reacciones: “En una declaración, dijo que la operación demostró que ‘los que cometen actos de terror contra los inocentes serán puestos a disposición judicial, el tiempo que sea necesario’”.

Obama también utilizó varias veces la palabra justicia en su intervención de anoche.

Una operación militar no es un acto de justicia. Es un acto de guerra, lo que no lo hace inevitablemente más o menos asumible. Osama bin Laden declaró la guerra a EEUU y siempre dejó claro que estaba dispuesto a morir. Acabar detenido o fallecer de muerte natural le hurtaba la posibilidad de convertirse en un mártir, que es lo que estaba exigiendo a sus partidarios.

En muchas ocasiones, y no relacionadas con la guerra o el terrorismo, nos encontramos con apelaciones a la justicia que son en realidad llamamientos a la venganza. Son dos conceptos diferentes que se entrecruzan con desgraciada facilidad.

Lo que es realmente lamentable no es que Bin Laden haya encontrado el destino que buscaba sino que miles de personas hayan muerto a causa de sus ideas criminales. O que miles de personas hayan también fallecido cuando EEUU decidió aprovechar la agresión del 11-S para embarcarse en una cruzada con la que asegurar su hegemonía en Oriente Medio.

Comparado con eso, la muerte o ejecución de Bin Laden es sólo una nota moral a pie de página.

4.25
Como es habitual, Fox News confunde sus deseos con la realidad: “Obama Bin Laden Dead”.

3.55
La posible reacción en los mercados financieros, según Mohamed El-Erian, consejero delegado del fondo PIMCO:

Los mercados valorarán estas noticias en el futuro en el sentido de una reducción global de las amenazas terroristas, la eliminación de riesgos de seguridad específicos y, por tanto, una reducción en las primas de riesgo. En el muy corto plazo, también podría implicar la posibilidad de perturbaciones aisladas en algunas partes de Oriente Medio y Asia.

3.35

Anoche, al lado de la zona cero de Nueva York.

Una celebracion algo carnavalesca, quizá con tantos turistas como neoyorquinos. Siempre se ha dicho que para mucha gente que perdió allí a sus seres queridos, es como si fuera un cementerio. Mona Eltahawy:

Escena en el # GroundZero o como “mi equipo ganó al equipo rival“. ¿Qué puedo esperar? Los turistas vienen aquí a posar para las fotos, en el sitio donde se produjo una masacre masiva.

03:30
El segundo problema, solucionado. El cadáver de Bin Laden ha sido arrojado al mar. Resulta curioso que se venda la noticia, que tiene un punto algo siniestro como una forma de respetar la doctrina musulmana en relación al entierro de los muertos.

Funcionarios de EEUU. dijeron a CBS News que el cuerpo de Bin Laden se tramitará de conformidad con las tradiciones musulmanas, que incluyen normas estrictas sobre el entierro, que tendrá lugar dentro de 24 horas después de la muerte.

Por otro lado, los saudíes no iban a aceptar su cuerpo. No iban a permitir que su tumba se convirtiera en un centro de peregrinación yihadista.

—-

La portada del New York TimesLa portada del New York Times

A las 22.30, hora de Nueva York, Obama anunció la muerte de Osama bin Laden en un mensaje televisado. Es la noticia que EEUU estaba esperando desde 2001. El mensaje de Obama comenzaba así:

Esta noche puedo informar al pueblo estadounidense y al mundo de que Estados Unidos ha llevado a cabo una operación que ha causado la muerte de Osama bin Laden, el líder de Al Qaeda, y un terrorista que es responsable por el asesinato de miles de hombres inocentes, mujeres y niños.

Bin Laden murió en un tiroteo con los soldados de las fuerzas especiales de la Armada, los SEAL, que llevaron a cabo la operación. Su escondite era una casa, prácticamente una fortaleza, en la ciudad paquistaní de Abbottabad, a algo más de 50 kilómetros al norte de Afganistán Islamabad. Abbottabad es un centro turístico en Pakistán desde hace décadas, casi desde los tiempos del imperio británico, Una zona por tanto en la que personas de mucho dinero tenían una casa para pasar allí ciertas partes del año.

Fue uno de los correos que Bin Laden utilizaba para difundir sus mensajes lo que permitió a la CIA estrechar el cerco y descartar otras posibles localizaciones. Pero el primer paso era encontrar a las personas de confianza del líder de Al Qaeda. Según la primera versión difundida, fue hace cuatro años cuando la CIA creyó haber encontrado la identidad de uno de esos correos. Hace dos años, descubrió la zona de Pakistán donde vivía y en agosto de 2010 la casa en la que se escondía.

Con muros de no menos de cuatro metros, alambre de espino en su parte superior y un acceso fuertemente restringido, la casa suscitó todas las sospechas. Otros detalles circunstanciales las confirmaban. A pesar de ser una casa muy cara, no tenía conexión telefónica o de Internet.

En febrero de este año, la CIA tenía ya claro que se trataba del escondite de Bin Laden. Tras una serie de reuniones, Obama dio la orden el 29 de abril de montar una operación para detener o matar a Bin Laden. Supongo que lo segundo era más probable que lo primero.

Junto a Bin Laden, murieron en el tiroteo el correo, su hermano y un hijo del líder de Al Qaeda.

EEUU ha tardado nueve años en escuchar la noticia que esperaba. En el fondo, si se producía la muerte de Bin Laden, a los dos bandos les convenía un final violento. Los norteamericanos se ahorran un juicio de dimensiones desconocidas, con la amenaza de verse afectado por continuos atentados o secuestros. Bin Laden se garantizaba la condición de mártir de su causa.

En los próximos meses, tendremos respuesta a la pregunta que muchos se han hecho antes: ¿es más peligroso Bin Laden muerto o vivo? Creo que un Bin Laden vivo suponía una constatación permanente del fracaso de EEUU en acabar con Al Qaeda. Como en cualquier movimiento mesiánico, sus seguidores siempre podían confiar en una milagrosa recuperación y en el regreso del caudillo. Que no fuera a producirse no significa que no fuera real en sus mentes.

Políticamente, la muerte es otra cosa. Las revoluciones en el mundo árabe de los últimos meses han demostrado que la vía violenta del terror no era ni la única manera de conseguir el cambio ni la más propicia. La plaza cairota de Tahrir resultaba un símbolo mucho más alentador que el kalashnikov que siempre acompañaba a Bin Laden en sus imágenes.

La operación militar es una oportunidad estupenda para Obama con la que poner fin al despliegue militar en Afganistán, una guerra que ha durado más que la Segunda Guerra Mundial. Es en realidad una excusa, porque es improbable que Bin Laden tuviera ya una influencia directa, más allá de su condición de símbolo, en los acontecimientos de Afganistán y en la insurgencia talibán.

No sé si se podrá ser muy optimista en este punto. Afganistán está en estado de guerra permanente desde 1979 y continuará estándolo después de una retirada de las tropas extranjeras. La incapacidad de EEUU para encontrar un momento en el que declarar la victoria o el fin de la misión, sumada a la debilidad manifiesta del Gobierno afgano, habían aplazado el momento de afrontar la realidad. Quizá ésa pueda ser la mejor consecuencia de la muerte de Bin Laden.

Porque el terrorismo en sus distintas formas es tan viejo como la guerra y no concluirá de forma mágica porque Bin Laden haya recibido un tiro en la cabeza.

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